“Hay espacios de mejora que tienen que ver con la gestión, por ejemplo, de los pabellones, sin duda”. La frase de la Dra. Anamaría Arriagada, presidenta del Colegio Médico, en una entrevista publicada por El Mercurio, llega en un momento clave, con la discusión del Presupuesto 2027 y cerca de 3 millones de pacientes no GES que hoy enfrentan mayores tiempos de espera.
El Colegio Médico propone destinar al menos $250 mil millones a las listas de espera. Es una cifra necesaria, y pocos discuten que el sistema requiere más recursos. Pero el planteamiento de la Dra. Arriagada abre una conversación que suele quedar en segundo plano, porque no basta con aumentar la capacidad, también hay que aprovechar mejor la que ya existe.
Basta pensar en lo que ocurre en un pabellón quirúrgico para entenderlo. Para que una cirugía se realice tienen que coincidir muchas piezas al mismo tiempo, un paciente con su evaluación prequirúrgica al día, un cirujano y un anestesista disponibles, el equipamiento y el instrumental listos, una sala asignada, entre otras variables. Cuando una sola de esas piezas falla, la cirugía se suspende y esa hora de pabellón, uno de los recursos más costosos y escasos de un hospital, se pierde. Para el paciente, significa volver a esperar.
Muchas veces el problema es que la información está dispersa. La lista de pacientes vive en un sistema, la disponibilidad de los profesionales en otro, el estado del instrumental en una planilla, y la coordinación depende de llamadas y correos de último minuto. Cada hospital, además, suele gestionar su capacidad de forma aislada, aun cuando un establecimiento cercano de la misma red podría tener horas disponibles.
Ahí es donde la transformación digital puede marcar una diferencia real, siempre que se haga de manera responsable. No se trata de sumar tecnología por sí misma ni de reemplazar el criterio clínico, sino de partir por entender los procesos, ordenar los flujos de trabajo y conectar la información que ya existe para que los equipos puedan tomar mejores decisiones con anticipación. Una transformación responsable pone a las personas al centro, acompaña el cambio en los equipos, resguarda la seguridad de los datos y se construye sobre estándares de interoperabilidad que permiten que distintos sistemas conversen entre sí.
Cuando esto ocurre, los resultados se notan. Experiencias en la red pública de la Región de Valparaíso, como la del Hospital de Quilpué, muestran que integrar la información de pacientes y recursos, y programar con una mirada de red, permitió reducir cerca de la mitad las suspensiones quirúrgicas y aumentar la productividad en torno a un 23%, lo que equivale aproximadamente a una cirugía adicional por cada día de pabellón. Con la misma infraestructura, más pacientes serían operados.
Esa mirada territorial es quizás la lección más importante. Las listas de espera no son un problema de un hospital en particular, sino de redes completas. Coordinar la demanda y la capacidad de todo un territorio permite distribuir mejor los recursos y acercar soluciones a quienes llevan más tiempo esperando.
Más recursos y mejor gestión son dos caras de una misma respuesta. El financiamiento permite ampliar la capacidad; la gestión, los procesos y la tecnología bien implementada permiten que cada peso invertido rinda más. En un escenario de presupuestos ajustados y alta demanda, esa combinación puede marcar la diferencia para miles de personas.
En GesNova Salud creemos que mejorar la gestión en salud es fundamental para enfrentar los desafíos sanitarios de nuestro país, y que la transformación digital, cuando se hace de forma responsable, es una de las herramientas más poderosas para lograrlo.